Ya sé que hay un topic "Historia Real Madrid" en el apartado Madridismo del Foro, pero solo he visto cosas de futbol (os animo a participar más, que con toda la que tenemos... xDD). Abro este si os parece bien para nuestra historia y momentazos de nuestra no menos gloriosa sección de baloncesto.

Escribiendo antes de Obradovic, Joventut y tal me vino a la cabeza este matazo, cuando no se estilaban mucho en la ABC de Rakocevic, de fugaz paso por nuestro club en los años oscuros de nuestra sección a principios de siglo.




Espero que en su día no es la perdierais.

Hoy sale diciendo que ojalá hubiera tramitado su salida del club de mejor manera.

Con él en la final de la Euroliga del año pasado, hubiéramos ganado.

Mi jugador favorito del Real durante años.

A este si que no le temblaba el pulso.

Jayceeee



Uno de los mejores episodios vividos en directo en el Palacio fue ese triple de Carroll. La secuencia de todo ese último minuto es espectacular, de cómo un EQUIPO cree en algo y acaba lográndolo ante un rival completamente superado a nivel mental. Un partido que jugamos mucho peor que el Barcelona pero que creo que todos en el campo, jugadores, entrenadores y aficionados en el pabellón pensamos que podíamos ganar. Y el Barcelona que iba a perderlo. Y así fue.

Es algo que no entendió(o le ha dado igual) el ínclito Mesonero haciendo desfilar a Laso de mala manera este verano. Su ciclo podría estar llegando a su fin, o estar finiquitado. Pero lo que había construido a nivel personal y mental con la plantilla y con todo el club no podía despacharse como se hizo. Por éso ahora el equipo no juega con alma, por éso tantas veces los abonados no vamos a ver al equipo. No transmite nada, lo mismo que su actual entrenador.


De esto hablamos hace un par de meses.... o quizas un año.

Entrevista a Scariolo

Es de hoy. La versión de Scariolo del affair Herreros (con el añadido del factor Delfino).

Volvamos al Madrid, donde le echaron en 2002. Un año antes, el Barça se libró su propia venganza con un Gasol estelar. 3-0 en el cómputo global. También les ganó en la final de Copa ¿Fue ese el inicio del fin?

No. Antes de nada, decir que el Madrid es una institución compleja y grande. Verás, yo acepté muy a mi pesar un doble rol: entrenador y manager de la sección. Es fácil decirlo a posteriori, pero cometí un error. Me hizo perder lucidez, energía, serenidad, capacidad para dirigir al equipo porque la responsabilidad era enorme y los inconvenientes podían aplastarte. Yo había propuesto un par de nombres para ocupar ese cargo. Eso coincidió con un cambio en la presidencia: salió Lorenzo Sanz y llegó Florentino (año 2000).

¿Qué nombres propuso?

Antonio Martín y Juan Corbalán. Sé que Florentino estuvo buscando, pero no sé qué sucedió y por qué no se llegó a un acuerdo. Luego vino Valdano, con quien tengo una gran amistad, y me dijo que tenía que ser yo el responsable de la sección porque reunía todas las competencias. Me dijo que les echara una mano así que acepté.

¿Entonces qué sucedió?

Al terminar la última temporada (nuevamente sin títulos) nos dimos cuenta que la situación era insostenible. Entonces yo acepté ser solamente entrenador, porque me dijeron que estaban buscando un manager. Era finales de junio, y nosotros teníamos que comenzar a construir ya el equipo. Una decisión ya tomada fue la de fichar a Carlos Delfino como nuevo joven de gran proyección, un escolta que apuntaba a crack. La idea era construir el equipo en torno a él. Le hicimos un contrato de tres años. El problema es que para su crecimiento era necesario que su suplente no fuera una leyenda que a las primeras de cambio todos reclamaran su regreso para coger el timón. No, así no se hacen las cosas. Para mí lo ideal era que detrás de Carlos estuviera Angulo y no Herreros. Angulo era un jugador acostumbrado a salir del banquillo, un tipo muy humilde… Con esto no quiero decir que Alberto Herreros no lo fuera, pero hablamos de una leyenda.

Se carga a Alberto Herreros ¿Y después?

Después sucedieron cosas. El Real Madrid es una institución con muchos componentes de fuerza y poder que inciden y condicionan. Creo que ahora -con Florentino, Juan Carlos Sánchez y José Ángel Sánchez– es algo más sólido y cohesionado estructuralmente. Antes había muchas personas que influían, y la nueva junta acababa de llegar como aquel que dice. Lógicamente mi idea no gustó. Me dijeron que tenían pensado reintegrar Alberto Herreros. Teníamos un año más de contrato, pero capté el mensaje. Cogí un año sabático, porque no había ningún equipo disponible.


Si os leéis la entrevista entera, se comprueba que el factor determinante, la prueba de fuego para un entrenador, es gestionar los egos de las estrellas del equipo de turno. Es muy significativo que diga que el último europeo fuera el más fácil de ganar con la selección española.

Pues un poco de eso pasó para que se largara del Madrid. Quería hacer limpieza de vestuario, cargándose a Herreros y empezar de nuevo con un tal Delfino y no se lo dejaron hacer.

No sé si alguien le pudo ver en directo, pero en cuanto a historial y vídeos que cirucula por ahí, parecía un superclase.

Falleció Drazen Dalipagic que jugó un año con nosotros en la 82-83 y no sé si muchos partidos ya que entonces sólo podía jugar un extranjero.







Juanma Iturriaga

Me alcanza la noticia del fallecimiento de Drazen Dalipagic y el primer recuerdo que viene a mi cabeza tiene lugar en el pabellón de la ciudad deportiva del Real Madrid. Habíamos terminado el entrenamiento y, por rutina o porque la práctica le había sabido a poco, el yugoslavo se queda un rato más lanzando a canasta, sobre todo desde su lugar favorito: la esquina izquierda del ataque. Antes de irme hacia el vestuario, me quedo observándole, todo un privilegio tratándose de uno de los mejores tiradores de la historia del baloncesto. Los lanzamientos se repetían con asombrosa similitud. Su mecánica de tiro era elegante, fluida, sin ninguna sospecha de esfuerzo. Viéndole con su altura sacando la pelota desde tan arriba, entendías la dificultad que entrañaba su marcaje, entre difícil e imposible. La cara, como siempre hierática, de hombre serio con bigote. Y lo más importante, su acierto, fuera del alcance de la mayoría. Me dije a mí mismo que en cuanto fallase un tiro me iba a duchar. Me quedé frío esperando.

Seguramente habrá habido gente que se haya sorprendido de que Dalipagic sea un exjugador del Madrid. No es de extrañar, pues su paso dejó poco rastro. Llegó avalado por su tremendo historial, donde acumulaba medallas en Europeos, Mundiales y Juegos Olímpicos, y también por Mirza Delibasic, compañero en la selección yugoslava y al que seguro que Lolo Sainz le pidió opinión. Parecía un buen movimiento de cara al gran objetivo de volver a ganar la Copa de Europa. Pero la cosa no funcionó. En lo deportivo no se cumplieron las metas colectivas ni individuales, seguramente lastrados por la norma que sólo permitía un extranjero en la competición nacional. Esto significaba pocos partidos a disputar y quedarte fuera de la dinámica colectiva cada fin de semana. Tampoco en lo emocional su huella fue profunda, ni mucho menos. Como las comparaciones las carga el diablo, es también probable que le perjudicase el carisma de Mirza Delibasic, llegado a Madrid una temporada antes y que nos tenía enamorados a todos, compañeros, rivales y aficionados.

Delibasic y Dalipagic eran dos talentos superlativos que, como diría mi madre, no se parecían ni en lo blanco de los ojos. Mirza era un artista, jugaba con frac, parecía flotar en la pista, atraía el foco, contentaba a todos en forma y fondo. Se hacía querer. Dalipagic era otra cosa, casi lo contrario. Siempre serio, parecía que ni sufría ni disfrutaba en la pista, donde no hacía concesión alguna a nada que no fuese buscarse un lugar donde poder recibir el balón en buenas condiciones para atacar la canasta. Del resto se encargaba su prodigiosa muñeca. Delibasic jugaba al mus a los tres meses de llegar, ejemplo de meteórico proceso de integración. Dalipagic siempre pareció un recién llegado, profesionalmente respetuoso al máximo con sus compañeros, pero sin dejar de ser un elemento extraño que con la misma discreción que vino se marchó unos pocos meses después.

Este tropiezo no dejó de ser una excepción en su rutilante carrera, que duró unos cuantos años más, tanto en clubs italianos como en la selección. Por cierto, estuvo muy cerca de hacernos una faena en la semifinal de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. En pleno relevo generacional y con otro Drazen (Petrovic) a punto de explotar como jugador, Dalipagic llevaba el mando. Como reza el manual del buen líder, tuvo una puesta en escena espectacular que no pudimos parar. El calvario duró hasta que Díaz Miguel ordenó una bendita zona que terminó ofuscando a los yugoslavos, mientras Matraco Margall las enchufaba que daba gusto.

Una de las muchas formas que existen para clasificar a los jugadores es la que los divide en creadores y ejecutores. Dalipagic era un ejecutor de manual, un francotirador, anotador incansable, máquina de acumular registros. De cerca o de lejos, con bote y sin él, cualquier posición en el ataque le venía bien para encontrar el hueco suficiente para lograr su objetivo. No entendía de nervios, de finales de partido, de marcajes pegajosos. Los sentimientos son un engorro para los francotiradores. Ellos cargan, apuntan y anotan. Sin más. Lo que hizo Dalipagic durante toda su carrera.

Rafael Rullán ha fallecido a los 73 años. 

En palabras de Iturriaga:

Se nos ha ido Rafita oficialmente, aunque desde hace tiempo ya estaba muy lejos, traspasada la línea en la que la vida se convierte en agonía. Una de las terribles consecuencias que provocan ciertas enfermedades es que, si se alargan en exceso, terminas poco a poco teniendo dificultades para recordar a tu amigo sano y vital para quedarte con la imagen de los tristes encuentros más recientes, cuando la enfermedad avanza sin descanso ni piedad, haciendo cada vez más difícil reconocer al maravilloso ser humano con el que tuviste la enorme fortuna de compartir una importante parte de tu vida.

Hablemos, pues, del Rafa que deberíamos recordar y al que conocí cuando tenía 12 años. Como integrante de la selección de minibasket fuimos a jugar un triangular a Siena con Francia e Italia. Además de los minis, este torneo se disputaba en categoría juvenil (ahí andaba ya mandando el gran Corbalán) y sénior. En esta última acababa de debutar un tipo alto y delgado, aparentemente frágil y de rasgos aniñados. Tenía 19 años y todo el mundo le llamaba Rafita. No es difícil imaginar la impresión que nos daba a los renacuajos viajar o compartir hotel con estas figuras.

Rafita nos adoptó inmediatamente, pasando gran parte del tiempo libre con nosotros. En aquel torneo, Italia nos pegó una robada en el partido de minibasket. No sé si el motivo fue el arbitraje o vernos llorar como los niños que éramos, pero nunca olvidaré la imagen del habitualmente angelical Rullán teniendo que ser agarrado cuando estaba decidido a tener unas palabritas con los colegiados. En ese preciso instante, pasé inmediatamente a pertenecer a su club de fans, repleto de jugadores a los que cuidó y protegió posteriormente.

Mi buena fortuna me llevó a compartir durante más de 10 años vestuario, viajes, miles de ensaladas que aliñaba con maestría, alegrías y penas, partidos para enmarcar y hasta una pelea en un entrenamiento que terminó con Lolo Sáinz mandándonos al vestuario donde nos dimos inmediatamente un gran abrazo que cerró para siempre la disputa.

Rafa era un tipo entrañable, peculiar, cariñoso, divertido, muy ganso, a veces maduro, otras infantil, pero siempre generoso, y muchas cosas más. No puedo evitar sonreír al recordar su rutina cuando llegaba a una habitación de hotel. Bajar las persianas hasta abajo, comprobar dos o tres veces que no iba a entrar ni un rayito de luz, ponerse un antifaz y tapones en los oídos, meterse en la cama boca arriba con la manta hasta la barbilla y de allí no moverse. Y cuidadito con hacer ruido. Sí, también era un poco neuras con algunas cosas.

Su carrera deportiva fue deslumbrante. En años jugados y en títulos atesorados. Un palmarés inalcanzable en estos tiempos. En la mayoría de estos éxitos, Rafa tuvo una importancia capital. Durante su primera época, era un clínic andante en la posición de poste bajo. Sus movimientos de pies eran de bailarín y junto a su gran envergadura y muñeca privilegiada le hacían casi imparable hasta para su némesis de la época, de nombre Dino Meneghin.

Pasaron los años y las zonas cercanas al aro se llenaron de armarios de tres cuerpos. Rafa, inteligentemente, decidió emigrar a zonas menos transitadas, alrededor de la línea de tres puntos, desde donde era capaz de enchufarlas sin mayores dificultades. O sea, que ahora que lo más normal es ver a pívots tirando desde siete metros, habría que reconocer que eso ya lo hacía Rullán hace 40 años. Tirador metedor, hábil con las dos manos, buen pasador, gran competidor. Si alguno tiene dudas, le invito a ver, por ejemplo, la final de la Copa de Europa de 1980 con el Real Madrid ante el Maccabi. Rullán en estado puro, todo un estallido de talento.

Es un día triste, pero me queda la esperanza al menos de que su fallecimiento obligará a repasar su figura y palmarés. Espero entonces que mucha gente caiga en la cuenta de que estamos hablando de una figura descomunal, un talento superlativo, un adelantado a su época. Alguien que no ha sido reconocido como desde luego se merece. Aunque sea un poco tarde, es hora de subsanar este injusto error.

Y a ti Rafita, gracias por todo, que fue mucho.

SOBRE LA FIRMA

Juanma Iturriaga
VER BIOGRAFÍA

El día que los culés se lamentaron: “¡Hasta Paniagua las mete!”

Muere Vicente Paniagua a los 78 años, jugador de baloncesto del Real Madrid de los setenta, chico para todo en la cancha y un compañero excepcional fuera de ella

13 de Marzo de 1977. El Barcelona llega invicto al Pabellón de la antigua ciudad deportiva del Real Madrid. El título de Liga se decide en ese partido, donde el Madrid tiene que remontar los 19 puntos de ventaja que traía el Barça del partido de la primera vuelta jugado en el Palau. El histórico dominio blanco era apabullante, pero empezaban a llegar señales desde Barcelona de que aquello podía cambiar en cualquier momento.

Ese día llegó, pero años más tarde. En un ambiente cargado de pasión y humo de cigarrillos, el Madrid abrumó como nunca a los azulgranas. La paliza fue tremenda, 60 puntos de diferencia (138-78). Brabender, Walter, Rullán, Cristóbal… no tuvieron piedad alguna con sus archirrivales. Tamaña diferencia posibilitó que todos los que estábamos en el banquillo tuviésemos la oportunidad de jugar unos minutos. Entre los suplentes se encontraba Vicente Paniagua, fallecido este domingo a los 78 años, un histórico de los setenta que un par de meses después se retiraría del Madrid y del baloncesto.

Estaba claro que Pani, por pocos minutos que tuviese, no iba a dejar pasar la oportunidad de hacer lo de siempre. Al primer balón que recibió le dio aire y encestó. El partido lo estaba retransmitiendo Televisión Española (audiencia millonaria, no había más cadenas) y José Félix Pons era el narrador. Culé confeso, su desesperación ante lo que estaba ocurriendo era tal que desde lo más profundo de su alma soltó esta frase llena de impotencia y resignación: “¡Hasta Paniagua las mete!“.

La plantilla del Real Madrid de la temporada 1974-75, la última de Ferrándiz como entrenador del club. De pie, de izquierda a derecha: Paco Amescua (delegado), Walter Szczerbiak, Clifford Luyk, Rafael Rullán, Luis Marí­a Prada, Cristóbal Rodrí­guez, Wayne Brabender y Lolo Sáinz (entrenador ayudante). Abajo, de izquierda a derecha: Carmelo Cabrera, Vicente Ramos, Pedro Ferrándiz (entrenador), Juan Antonio Corbalán y Vicente Paniagua

Pues sí, Vicente, Vicen o Pani, las metía. Lo hizo con frecuencia suficiente como para pasarse más de una década en el Real Madrid. También defendía sin ser un especialista, usando más la cabeza que las piernas. Y más cosas. Pero si en la pista su aportación como jugador de refresco, sumador de intangibles o chico para todo, le hicieron importante durante muchas temporadas, era en otras tareas grupales menos relacionadas con el juego donde su valía se multiplicaba.

Porque por encima de todo, Pani era un buen tío. Un ser de luz, que se dice ahora. Amable, afable, cariñoso, socarrón, amante de la buena vida, de las sobremesas, de disfrutar con los amigos. No le recuerdo enfadado, ni tampoco agrio. Gente así nunca sobra. Ni en un equipo ni en la vida. Además de su enorme calidad humana, fue lo suficientemente inteligente como para entender perfectamente su papel, cuya mayor parte se desarrollaba fuera de los focos.

En el Madrid de los años setenta se cuidaba y valoraba tanto lo profesional como lo personal. No solo se competía, sino que también se formaba. Los jugadores, según cumplían años en el club, iban adquiriendo responsabilidades educativas para con los jóvenes que aterrizábamos. Yo tuve la suerte de encontrarme con el magisterio que ejercían gente como Vicente Ramos, Cristóbal, o el propio Vicente Paniagua. Siempre accesibles, dispuestos a cuidar, formar y proteger, incluso sabiendo que ese joven al que dedicaban su tiempo y conocimientos en poco tiempo les iba a terminar quitando el puesto. No sé si les podré agradecer lo suficiente lo que hicieron por nosotros.

Pani ya no seguirá dando lecciones, pero puede descansar tranquilo porque han sido más que suficientes. Nos abandona discretamente, como no podía ser de otra forma, dejando una profunda tristeza en todos aquellos que tuvimos la suerte de conocerle. Ya no habrá más viajes con el Madrid en la Euroliga, ni comentarios en la tele teñidos de blanco, ni tertulias sobre lo diferente que es el baloncesto de hoy en día, ni esa copita de vino de Alcázar que está tan rico. Tampoco habrá más partidos de veteranos en los que hasta rondando los setenta era capaz de salir a la pista cinco minutitos para lanzar todo lo que le llegaba. Y fíjate qué cosa. Muchos de esos tiros, como aquel día en la ciudad deportiva, “hasta” los metía. Buen viaje Pani y gracias por todo.

Necesitas estar registrado para participar. Registrarme.